Derrumbe.

Hoy te siento lejana, y los colmillos de tu alma incrustados en mi ya obsoleta juventud. Los misterios adyacentes de tu existencia, perpetraban mis pasos, mi respiración se entrecortaba con tan solo pensar que desde el día de ayer, ya habías decidido que hoy apagarías mis ganas de seguir viviendo.

Al verte llegar noté cierto temblor en tu andar, como si quisieras detener lo que estabas a punto de provocar en mi. Lo que no sabías es que para  entonces ya había contado las siete lágrimas que tenía planeado derramar, tal vez con el afán de que te compadecieras de este pobre e insulso hombre, que no hace mas que dedicarte sueños y esperanzas, que solo quiere entrar en tus ideas y plantarse allí, allí en un rinconcito oscuro tal vez, pero dentro de ti. 

No me olvides, no elimines mi recuerdo, o por lo menos dime que no lo harás para creerte por un tiempo. Mientras me encuentro a alguien que quiera matarme de nuevo como tu lo has hecho.


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