Mensaje (no) enviado.

Mi habitación ha conocido los pasos deambulantes al pensar el plan perfecto que recupere la tesitura de tus manos sobre mi pecho flagelado.

Arriesgo el orgullo adyacente a mi amor perdido para enviar un mensaje y decirte:

—Hola, ¿cómo estás?

Las horas pasan, me acelero, frustrando mi vida se queda ese mensaje plasmado en la inconsciencia de mis días.

Momento oportuno tomas para llenar de alegría mis días lunares de perdición y muchedumbre con la serenidad de responder:

—Hola, estoy bien, ¿y tú, que tal?

Prendido en la ilusión, despiertan mis neuronas, en la reconciliación de mis sueños, para darme cuenta, que solo es fantasía, que nunca llegó el valor para llamarte, y si lo hice, nunca te llego a ti, hermosa fémina, el valor para responder a este fiel amante.

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