La excusa y la mentira.

Las excusas se presentan a diario, en nuestro lenguaje, nos vemos forzados a utilizarlas con frecuencia para tratar de justificar nuestros actos, ya sean actos que afecten a terceros o a nosotros mismos. Nos encontramos con la irracionalidad de inventar escenarios, o situaciones, y así, lograr según nuestra comprensión de lo sucedido, el salirnos con la nuestra. Nada es más estúpido que excusarnos de nuestras omisiones o de nuestras malas acciones poco benéficas para nuestro entorno y nuestra persona.

Ahora bien, al encontrar que un ser humano se excusa, solo denota un aire de inseguridad en sí mismo, da una impresión de falta de capacidad para cumplir las obligaciones correspondientes del individuo. Vemos al padre que coloca su empleo como excusa por no pasar tiempo con su familia, ¿qué se deduce? Un hombre desconfiado en su habilidad dentro de la paternidad, que no cree que pueda reunir los suficientes atributos para ser un “buen padre”.

Una excusa puede parecer una mentira bien intencionada, pero se puede llegar a pensar que causa hasta un daño peor que una mentira no piadosa. Haciendo la comparación de una mentira con una excusa, se puede dilucidar, que una mentira deja al receptor con una realidad falsa ya sea parcial o total. La excusa obra un poco distinto, pues se desea que el receptor crea, que la persona que emplea la excusa, realmente ha pensado en querer cumplir con la obligación, cuando en realidad es todo lo contrario, y peor aún, cuando la excusa es para uno mismo. He aquí el perjuicio mayor que causa la excusa sobre la mentira. Un hombre no puede mentirse a sí mismo, pero vaya que puede buscar mil excusas para no realizar las obligaciones o las acciones para cumplir un objetivo personal.

Se ha visto como las personas, prefieren posponer las cosas por detalles sin sentido. El estudiante pospone el estudio y pone de excusa el tiempo, el obeso el ejercicio por miedo o vergüenza y a veces hasta porque no es (y suena risible) lunes. Podemos ver a un político inútil que podrá prometer, y hacer creer a un pueblo que cumplirá con las propuestas que condujeron a esta colectividad a elegirlo como su dirigente o representante, pero este siempre encontrara una manera astuta de excusarse de no retribuir aquello que debería y en lo que confían que hará, pues es su obligación.

Al final se queda clara una frase de la periodista colombiana Claudia Palacios  “Solo tendrás tiempo para las cosas que realmente te interesan…y sólo tendrás excusas para lo que no te importa”. Hay que ser responsable de los actos propios y realizar aquellas omisiones que sabe están pendientes en la vida.

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